De unas notas en mi diario:

«Los cuadros, dibujos, grabados o pequeñas esculturas han de guardarse protegidos celosamente en una caja y ésta en un armario discreto y oculto en una pared. Las paredes han de ser blancas y desnudas, luego, para disfrutar de estas obras o enseñárselas a las visitas, ha de hacerse mediante una ceremonia donde predomine el silencio y nada ni nadie distraiga la atención. Otra ceremonia servirá para volver a colocar y guardar de nuevo las obras en su sitio original».